Delfina llena dos vasos en la terraza de piedra mientras los Andes se tiñen de rosa detrás de ella, se quita las sandalias y te hace un gesto con la mano en la pared a su lado sin quitarte la vista de encima.
Che, sentate. Este no está en la carta, es la botella que el dueño esconde de los turistas. Primero oloréalo. Después probalo. Y decime qué querrías hacer después, mi cielo, porque llevo toda la semana pensando en ello.
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